Marisa Panagópulo: “Me considero una leyenda que todavía no quiere dejar las pistas”

La “Pana” es considerada como una de las grandes representantes del género femenino en la historia del automovilismo argentino, por sus logros, su gran manejo y, sobre todo, por su demostrada pasión por los fierros. Tal es así que, luego de superar una pérdida familiar, un cáncer y varios parates deportivos, hoy no piensa en otra cosa que en volver a correr y en binomio con otra dama.

Nacida el 13 de febrero de 1968, en el barrio porteño de Floresta, Marisa Panagópulo estuvo rodeada de autos desde chica, arraigándose a ese estilo de vida y sin poder despegarse del automovilismo hasta la actualidad. Ejemplo de vida, como piloto y como mamá (Athina, de 16 años, y Juanita, de 10), la “Pana” habló con Mujeres Fierreras de manera distendida y con la mente puesta en subirse nuevamente a un auto de carrera.

LOS PRIMEROS PASOS Y LA EXITOSA DÉCADA DEL 80´

¿Cómo fue tu infancia en Floresta?

– Fue normal hasta que, a los 9-10 años, mi hermano dejó un Mini Midget que estaba corriendo y yo le pedí a mi papá para correr y me dijo que sí. Ahí empecé a correr, mayormente en Chicago. Pero muy tranquila, porque mucho no le contaba a mis compañeritas (iba a un colegio de mujeres). Ahí empezó mi carrera deportiva, sin sobresaltos.

La pasión por el automovilismo, ¿te llevó a tener complicaciones para hacer amigas en el colegio?

– Pensándolo bien, sí. Porque, por ejemplo, a mis 15 años me pasé toda la temporada corriendo en Mini Midget en Chicago, y me perdí todos los cumpleaños de 15 de mis compañeras. Influyó el automovilismo. Le daba la prioridad a las carreras y mis amigas quedaban en segundo plano.

Y ya en esa época llegaron los primeros logros importantes en tu vida. Seis títulos y dos subcampeonatos en apenas ocho años. ¿Cómo viviste esos años y qué importancia le diste a cada título?

– Sí, desde los 10 hasta los 20 años, pelee algunos campeonatos. Pero yo lo vivía como algo diario. Me acostumbré tanto a ir a las carreras de karting, con mi familia apoyándome… Era como que teníamos que ir a las carreras, no había otra opción. Si tenía un cumpleaños de 15 no iba, iba a las carreras. Hasta los 20 años, que mi papá dijo que no me iba a acompañar más, era parte de mi vida ir a las carreras de karting. Siempre tratando de lograr lo mejor. Mi papá era muy meticuloso: miraba que cada cable y que cada bujía estén perfectos.

Más allá de que vivías con naturalidad lo que ganabas en karting… A la distancia, ¿le das más importancia a algún título por sobre los demás?

Si, los tres campeonatos consecutivos del 1986 al 1988, en la Seniors 125cc del torneo Metropolitano. Creo que porque son los más recientes. Eran con motores RF y chasis Vara Kart. Yo ya corría directamente con las marcas, y ellos me sponsoreaban con sus motores y chasis. Fueron tres años fascinantes. Hasta que mi papá me dijo que era hora de dejar los kartings porque estaban muy sangrientos. Y es verdad: cada vez eran más y se estaban poniendo muy duras las carreras, eran sangrientas de verdad.

De los títulos anteriores, no recuerdo mucho porque yo era chica y andaba por inercia. Iba y andaba. Primero andaba mal, porque no era buena. Fui aprendiendo con el tiempo y con los consejos de mi papá, ya que en ese momento no había profesores. Me acuerdo más que nada de las noches de Chicago, la nieve en carnaval, los “patys” que hacían, las reuniones con los chicos mientras que los papás se peleaban… Pero en la pista ya había diferencias: no nos juntábamos tanto y había más rivalidad. Yo era la mujer a batir, y me lo han contado muchos pilotos que entraban desde chiquitos. Era la zanahoria a batir, y más aún siendo mujer.

Durante esa década, ¿generaste repercusión mediática por los campeonatos obtenidos?

– No, creo que no hubo repercusión mediática, porque no había internet ni nada. Sólo teníamos al público presente y a los conocidos de los que corrían. Si había difusión, era muy poco. Sobre todo, nos seguía la revista Corsa. Pero, sacándolos a ellos, no había nada más.


BREVE PARATE, NUEVAS DISCIPLINAS, VUELTA AL AUTOMOVILISMO Y LLEGADA AL TC

¿Y qué podes contar del cambio rotundo de disciplina deportiva a partir de tu primer alejamiento de las pistas? Hasta representaste al país en una competencia mundial…

– Cuando mi papá me dijo que ya no podía correr en karting, empecé a buscar otros rumbos. Me anoté en un curso de gimnasia aeróbica y no me gustó. Después me inscribí en un curso de natación. Ahí conocí a quien sería después mi novio y unos amigos que hacían buceo. Me enganché, compitiendo en disciplinas y actividades que tienen que ver con el buceo. Nos enteramos de que había un Mundial en Grecia y fuimos a aprender. Después, de Colombia trajimos medallas de plata y de bronce.

Creo que fue una búsqueda, de conocer gente de distintos ámbitos. Cuando estaba corriendo en karting, hacía el curso de piloto privado de avión, en un Piper PA-11. Creo que, por ser joven buscaba adrenalina, algo que me lo daban los deportes que practicaba, de alto riesgo. Volar era una maravilla, me encantaba, veía todo claro y lindo desde arriba. En el buceo era fantástico… Viajamos mucho: por Colombia, Grecia, Israel, Egipto…

Fueron épocas de muchas cosas. Hasta que en el 1994 me llama Hugo Videla, invitándome a correr en una copa única en el mundo, sólo para damas. Yo no le creía mucho, porque yo estaba por hacer el curso de corte y confección (risas). Quería cortar tela y hacer ropa. Pero lo que era un llamado telefónico, se hizo realidad y ahí empecé la Copa Damas en el año 1994…

Más allá de haber logrado el campeonato, ¿qué es lo que más destacás de ese año 1994 en la Copa Damas?

– Me quedaron muchas cosas. En lo deportivo, estaba a pleno: venía de la natación y tenía un estado físico óptimo. La última carrera la hicimos en La Pampa, con un calor terrible adentro del auto pero, al estar con un buen estado físico, eso me ayudó mucho.

De este campeonato destaco lo competitiva que es la mujer, a diferencia de los hombres. Los hombres son machistas, pero la mujer es competitiva desde otro nivel: a ver quien estaba más peinadita y varias cuestiones más, lo que le daba un tinte más colorido al campeonato. Competir con mujeres es diferente: se compite abajo y arriba del auto.

Algunas cosas que me llamaron también la atención fueron la ayuda que me dieron los años en karting y el esfuerzo que hice para buscar publicidad, la cual nunca encontré. Pero, al estar primera en el campeonato, me ayudó la categoría a seguir. Fueron cosas muy lindas y que me costaron mucho. Al final de cuentas, fue maravilloso el campeonato. Y eso es lo que atesoro en mi corazón, lo más lindo.

Además del auto que usaban, ¿qué cambios notaste en cuanto al año en la Copa Damas y al de la Fórmula Hyundai en 1995?

– Las pilotos que competían. Porque algunas se quedaron en la Copa Damas, que era nacional, mientras que otras fueron a la Fórmula Hyundai, que era metropolitana. Otros cambios no noté, salvo que siempre corríamos en Buenos Aires y me era más fácil trasladarme, a comparación de lo del 1994 que era por varias provincias.

¿Seguís en contacto con algunas rivales de ese entonces?

– Sigo siendo amiga de Claudia Teatini, de Karina Furlán, que es la madrina de mi hija mayor… Lo que tiene ahora el Facebook es que une un montón de conocidos que teníamos de antes. Nos unimos mucho por ahí y por Whatsapp. Se expandió mucho con respecto a esa época.

Después de la Fórmula Hyundai y tu paso por varias categorías en el 1996, llegaron aquellas 2 Horas de Buenos Aires, día de tu debut en el Turismo Carretera. ¿Cómo llegaste a correr en el TC y qué sensaciones te quedaron después de haber hecho historia en la categoría?

– Compartí el auto con “Pepe” Larroudé, de Rauch, en una Dodge. Tuve que largar yo la carrera, con 40-45 autos en el medio porque era por ranking porque había llovido. Largué bien y me mantuve en pista, le dejé el auto a “Pepe” y completamos la carrera en el puesto 16. Yo estaba muy contenta con ese puesto, por ser mi debut y por no haber practicado mucho… Siempre me costó mucho conseguir publicidad y tener práctica en las categorías que se me presentaran. Tampoco lo pienso mucho: si me invitan o si se me da, me subo a lo que venga.

Aparte, el Turismo Carretera tenía compromiso con la poca publicidad que encontré, que era Prime. Me regalaron dos cajas de productos, y andaba repartiendo por todos lados. Eso me sirvió, junto a lo de un amigo que me puso un par de sponsors más y junté seis mil pesos. Eso ayudó a que pudieran poner el auto en pista, ya que no lo podían poner por falta de presupuesto. No era mucho pero alcanzó para ponerlo en pista y la Dodge anduvo. El viernes no hubo prácticas casi porque el auto tenía problemas y el sábado no se pudo andar por la lluvia, asique largué directamente el domingo.

La experiencia fue fabulosa, con tantos apellidos ilustres en el automovilismo entre cuarenta y pico de autos… Por mencionar algunos, desde Traverso, Di Palma padre, el hijo que ganó con Emilio Satriano… Yo no pensaba mucho, yo actuaba: sabía que tenía que andar bien, quedarme en pista… Lo “disfruté”, porque cuando me bajé del auto y firmé, me saqué un peso de encima. Un peso pesado aparte (risas).

Y después, la prensa, los elogios, la televisión… Tenía un montón de publicidad que yo quería para conseguir sponsors. Me llovieron notas después de una de Clarín, donde yo dije la frase “Correr es como hacer el amor”. Traté de correr dos carreras más con mi propio auto, un Ford Falcon, y no tuve buenos resultados. Asique dejé, porque para correr en TC hace falta mucha plata y yo no la tenía. Cerré las cortinas por unos cinco años, sin ver tele ni ver carreras de autos.

En 1996 también hubo una carrera de Endurance en Interlagos, junto a Delfina Frers y una piloto brasilera…

– Esa carrera fue muy importante. Fuimos el primer equipo femenino, junto a Suzane Carbalho y Delfina Frers. Fue una competencia de 9 horas en Interlagos, las 1000 Millas, con un prototipo de carrera que hacen allá, un Adee. Nos estaba yendo muy bien hasta que Delfina se quedó sin frenos y se fue afuera. Pero veníamos segundas o terceras en nuestra categoría. Fue una experiencia terrible: en Interlagos, con autos de varias categorías, empezamos de día y terminamos de noche… Fue una experiencia muy linda.

1000 Millas de Interlagos, año 1996

NUEVO RECESO, MATERNIDAD, UN AÑO CAÓTICO Y COMPETENCIAS AISLADAS

Después vinieron un nuevo parate, la carrera universitaria y la bienvenida como mamá…

– Sí. En el 1997 dejé de correr, un poco frustrada por no conseguir publicidades y me dediqué a estudiar Psicología durante cinco años, hasta graduarme. Ahí procuré tener mi primera hija y la encontré. Ella nació en 2001. Ahí dejé de correr, hasta que en 2010 me invitaron a correr en una carrera de karting, fui y empecé a sentir mariposas de vuelta en el estómago.

En 2011 volví a correr en karting y en 2012 obtuve un campeonato, en la clase +35 de PAKO. Pero ya se me hacía difícil por la edad, porque quería correr en una categoría donde corrían muchos chicos jóvenes. Era experiencia contra juventud, y ganó la juventud (risas), porque me lastimé un poco y tuve que dejar. 2014 fui el último año que corrí y, desde entonces, estoy parada soñando. Quizás este año se de algo con Brenda Johnson, una amiga que tengo del automovilismo. Pienso que vamos a tener buenas noticias.

Otro título para el palmarés: año 2012.

¿Qué porcentaje de viabilidad tiene el proyecto de binomio con Brenda Johnson?

– El proyecto está cubierto por medio año. Hay gastos al principio que luego no los tenemos. Por ejemplo: licencias; buzo, para mí, por lo menos, porque no me entra el último que usé (risas), etcétera.

Cuando volviste a las pistas, ¿notaste grandes diferencias en cuanto al ambiente automovilístico y a la participación de las mujeres?

– Si, ¡muchos! Antes no había tantas mujeres corriendo. La Copa Damas reunió muchas chicas pero la gran mayoría no corría antes de ésta. También noté que en general hay mucho más profesionalismo, en el sentido de que ahora se ganan las carreras en boxes (motor y chasis es un 60%, por lo menos), queda un 30% para el piloto, mientras que un 10% es aleatorio, o llámalo suerte. Hoy los pilotos se preparan muchísimo de cuerpo y mente. Y antes no era así….

Sobre las mujeres, muchísimo para hablar. Es un deporte machista por naturaleza, a tal punto que hay pilotos varones (no todos, pero muchos) que pierden el sentido, que es la carrera, para ir a buscarte como una presa y derribarte. Son muchas veces que me pasó. Sin ir más lejos, mi último campeonato lo gané por medio punto, porque dos pilotos salieron a la cacería y me hicieron perder puestos tratándome de sacar de pista… Una verdadera película (risas).

¿Podría decirse que el 2016 fue un año que te marcó negativamente para los años siguientes?

– Creo que sí. Ese año murieron mi papá y el gato de la familia, y me diagnosticaron cáncer. Ahí me vine abajo. Fue el comienzo del tratamiento con quimioterapia que me marcó más todavía: el cuerpo y el alma. Es una porquería el tratamiento. El cáncer es lo de menos. Te sacan la mama y listo. Pero la quimioterapia te destruye todo, lo malo y lo bueno, sin saber si había algo de malo: el pelo, las uñas, la dentadura, la piel… te daña todo. Pero el “protocolo” se debe cumplir. Ahora estoy tratando de volver a las pistas porque es mi impulso de vida.

Regional de Karting. Año 2014.

PRESENTE Y FUTURO DE LA “PANA”

Y hoy, ¿cómo te encontrás?

– Estoy de nuevo arriba (risas). Hoy prefiero decir que estoy bien, y que hago cosas para estar bien. Una de esas cosas es llegar a correr de nuevo, por ejemplo, algo que anhelo mucho poder conseguir.

¿Te planteaste alguna vez armar un proyecto de capacitación/formación para pilotos mujeres?

– Pensé en poner una escuelita de karting. Compré un mini kart y otras cosas para la escuelita, pero no lo concreté. Quizás me faltó un pequeño aventón. No sé, era la indicada… Todos me lo dicen pero no me animé. Sigo teniendo el karting y otras cosas de la escuelita, hasta un montón de kartingcitos que eran para aprender a tomar los mejores radios en una curva. Pero la idea era que sea mixto, no exclusivo para mujeres.

¿Y has tenido charlas con algunas pilotos jóvenes?

– No tanto. Yo pensé que podía retribuirle más al automovilismo femenino. Tengo amigas jóvenes pero no tantas. Se dice por ahí que ya soy una leyenda, pero las pilotos con más posibilidades económicas nunca han preguntado por mi experiencia. Si me pasó con kartistas jóvenes. Quizá sea una cuestión de “proximidad”, de parte de amigos de algunas chicas que están en las ligas mayores, que me admiran… Pero solo por boca de amigos. Parezco egocéntrica, pero sé que soy la mejor piloto femenina que hubo… Quizás mis logros solo dejaron una huella que no se puede borrar, a diferencia de tener mucha publicidad que me muestre como tal…

¿Cómo te describirías a vos misma?

– Me considero una leyenda que todavía no quiere dejar las pistas…

No podía quedar afuera del tintero: el poema de su amiga Mercedes tras la consagración en la Copa Damas, en el 1994.

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