Tami Vital: “Nunca voy a dejar el automovilismo”

En conmemoración del Día del Periodista, Mujeres Fierreras entrevistó a una de las máximas exponentes femeninas en el automovilismo argentino: Tamara Vital. En esta nota, la nacida en Adrogué, y radicada en Tandil, responde a varias preguntas en torno a su vida, su historia en la profesión y a la intervención de las mujeres en el periodismo automovilístico.

Las mujeres periodistas que trabajan regularmente en el automovilismo argentino son contadas con los dedos de una mano. Uno puede comprobarlo fácilmente visitando las salas de prensa en todas las competencias nacionales. Si bien es cierto que, afortunadamente, son cada vez más las mujeres que se animan a iniciarse en el periodismo automovilístico (con o sin estudio universitario previo), no abundan las exponentes femeninas en las fechas que realizan las principales categorías del país.

Pero, como en todo, hay excepciones. Una de ellas es Tamara Vital, que se fue haciendo camino desde muy temprana edad para llegar a su lugar actual: el de una de los periodistas con mayor cantidad de presencias en las competiciones de alcance nacional. Por eso, y al igual que sucediera el año pasado con Rocío Olearo como protagonista, Mujeres Fierreras conmemora nuevamente el Día del Periodista con una entrevista a una dama del ambiente fierrero. Con ustedes, Tami Vital.

¿Siempre quisiste ser periodista?

– Aunque parece fácil de responder, no sé si sería un SI rotundo. Pero si me pongo a pensar bien… La respuesta sería que sí. De chica me gustaba mucho la Biología Marina y me vivían regalando libros de animales marinos, que era lo que quería estudiar. Pero desde los ocho años iba a las carreras con cuadernos que armaba, donde coleccionaba los autógrafos de los pilotos y les hacía completar unos datos, como por ejemplo: equipo de futbol, marca, fecha de nacimiento, etcétera. Todos lo hacían porque yo era chiquita (risas). Así que creo que mi subconsciente me traicionaba y amaba el periodismo desde chiquita.

Y, desde ese entonces, ¿cuánto tiempo pasó hasta que finalmente pudiste iniciarte en el mundo del periodismo?

– No mucho, porque a los 14 años ya estaba armando páginas de Facebook donde informaba de manera amateur, como todos los que recién arrancan. Al año siguiente de crear la página, dejé de ir al TC porque ya empezaba a viajar muy lejos, y con mi papá decidimos empezar a ir al TC Mouras, categoría que me permitió hacerme conocer. A mi página (“Cuestión de Fierros”) la seguían muchos pilotos del automovilismo zonal y hasta del mismo Mouras, y me sorprendía cuando me mandaban mensajes felicitándome, obviamente sin saber que era mujer (risas). Me ponían por ejemplo: “Hola Flaco, felicitaciones por el trabajo”. Siempre hablando en masculino, y me daba risa pero me motivaba mucho más a seguir.

¿De qué se trataba lo que hacías en “Cuestión de Fierros” y por qué motivo lo abandonaste?

– Era mi primera página de Facebook y después se transformó en revista. Trabajaba con una imprenta del barrio y tenía algunas publicidades. La dejé porque era muchísimo trabajo para mí: imaginate, era chica, recién empezaba y estaba sola. Tenía que buscar algo que demande menos tiempo y que pueda seguir haciendo sin dejar de lado la escuela, sino después mi mamá me mataba (risas). Hacía 100-150 ediciones porque no daba para más el presupuesto (risas), las repartía una vez por mes en el Mouras, y después la subía a internet.

¿Y qué vino después de eso?

– Empecé a hacer prensa en el Mouras, en la Fórmula 4 y un poquito en la Fórmula Metropolitana. Y después ya arranqué con Palpitando, que fue lo mejor.

¿Cuál fue la clave para la consolidación de “Palpitando el Mouras”?

– ¡Trabajo! Lo empecé a hacer porque en ese entonces no había ni la tecnología de hoy en difusión, ni muchos medios cubriendo el fin de semana, sobre todos los viernes. Entonces, trabajar fuerte los viernes permitía que mucha gente del interior nos siga (familia, amigos, medios periodísticos, etcétera). Después fuimos creciendo: hicimos radio y el programa en Youtube, cuya clave era salir de lo tradicional con juegos y encuestas, ideas que con el tiempo fueron copiadas por otros programas (risas). Pero la clave era esa, buscar información y hacer partícipe a todos los pilotos: desde el último hasta el primero, algo que no suele pasar.

Ahí hablaste de “PEM” en plural… Contanos quiénes formaron parte del staff y cómo fue la relación entre ustedes desde el primero al último día del medio.

– Primero, mi hermana, que fue el pilar fundamental porque siempre me acompañó a las carreras y me ayudaba como podía. Hasta fue capaz de venir a producir en el primer programa de PEM, que cayó justo el día de su cumpleaños (risas)… Después, pasaron por la radio Iván Díaz Méndez, que también fue importante para mí porque sabía mucho del Mouras y podíamos tener un ida y vuelta copado; Gaby, Eze y Majo estuvieron algunos programas también ya sobre el final; y, en el canal de Youtube, estuvo Franco Tarantino, de Bahía Blanca.

Con el empecé en el periodismo cuando hacíamos notas para un equipo de Fórmula 4 NG. Empezamos juntos, yo a conducir y el a producir (risas). Como a Fran después se le complicaba porque vivía lejos, dejamos un año y volvimos con Ariel Borla, que es un chico de Buenos Aires, también una gran persona. Con todos me llevo genial. Con algunos me habló más, con otros menos, pero todos fueron gran parte de este proyecto que todavía la gente sigue pidiendo que vuelva.

¿Cuál fue el principal motivo del abandono de PEM?

– Los costos. Empecé a trabajar en prensa de otras categorías y ya no tenía mucho tiempo… Y la otra es que, sinceramente, en lo comercial no nos entraba más que para gastos. Sirvió mucho porque me permitió crecer, hacerme conocer y, sobre todo, ser respetada. Pero no era buena con lo comercial. Es decir, no me daba el tiempo para producir, escribir y, encima, buscar publicidad y cobrarla. No me quejo porque yo me busqué tanto enredo, por así decirlo. Podía trabajar para revistas o programas de radio que me ofrecieron, pero siempre opté por tener mis propios proyectos. Se me abrieron muchas puertas y hoy puedo seguir viviendo de esto.

¿Crees que el periodismo aún no es del todo respetado y valorado dentro del automovilismo?

– Sí y no. No te voy a decir que sí ni que no porque realmente depende de cada uno, como en todos los trabajos. Capaz que trabajás en una oficina, con dos jefes y uno te respeta y el otro no, en el sentido de la valoración del trabajo. Y acá pasa lo mismo: hay pilotos que valoran tu trabajo, te felicitan y que tienen predisposición para notas; están los que no son así; y también están aquellos que capaz que no entienden nada de nivel periodístico.

Hoy se maneja más el tema de Community Manager, de redes sociales… Y no es periodismo. Me ha pasado que, siendo jefa de prensa de categorías, piensan que el periodista tiene que hacer de fotógrafo, de Community Manager, de redactora, todo junto… Y no es así. Hay pilotos que sí lo valoran y hay pilotos que no lo valoran. Mitad y mitad. Por suerte, te digo la verdad, nunca tuve problema. Si he tenido, han sido uno o dos los que no han valorado mi laburo. Pero el resto, un 100%.

¿En algún momento sentiste un trato especial, positivo o negativo, por ser mujer en un ambiente “copado” por hombres?

– Nunca me sentí discriminada por ser mujer en un ambiente de hombres, nunca recibí un mal trato, ni falta de respeto. A ver… Siempre está el “salame” que se quiere pasar de vivo, pero fueron contadas cuando recién empecé. Siempre me respetaron y acompañaron. Tengo mucha gente en la que confío, con la que trabajo o planeo proyectos a futuro, obviamente sacando a mi familia. Creo que, gracias a estar bien rodeada, y a mi forma de ser y laburar, coseché muchos amigos y respeto.

Igualmente voy a destacar que siempre me llevé mucho mejor con los hombres que con las mujeres. Lamentablemente, son contadas con las manos las mujeres con las que tengo buen trato en el automovilismo. Me gustaría que seamos más unidas y que, si buscamos respeto, empecemos a tenerlo entre nosotras. Igual, si te pones a pensar, casi que no hay mujeres periodistas trabajando en las carreras. Yo siempre estoy sola en la sala de prensa (risas).

¿A qué crees que se debe eso último? ¿Existe un paralelismo con lo que sucede en cuanto a las mujeres pilotos?

– No, no creo que estén relacionadas. Creo que incluso es más factible que haya más mujeres corriendo que periodistas. Desde mi punto de vista, y por mis años que llevo trabajando en el automovilismo, conozco muchas mujeres a nivel zonal pero no a nivel nacional. En el Top Race estoy yo sola y después hay una chica que es de marketing y no de prensa. Lo mismo con la ACTC, el Turismo Pista… Son contadas con los dedos de una mano. Ponele que hay una en cada categoría, no más…

Creo que eso se debe a que es muy complicado continuar en el periodismo como mujer, dentro del automovilismo, porque demanda mucho tiempo. No es lo mismo un hombre viajando que una mujer viajando. Las que yo conozco dejaron de ir para seguir progresando en su vida de otra manera: crearon una familia, consiguieron otros trabajos fijos… Recordemos que esto es año a año pero no es algo fijo.

Creo que hay muchas menos posibilidades de que haya muchas chicas periodistas que chicas corriendo. Tienen más facilidades que nosotras. Primero, por eso que te digo, cuando uno llega a determinada edad quiere estar con su familia. Que el padre se vaya a las carreras es una cosa, pero que la madre se vaya es otra. Yo creo que viene más por ese lado.

Es mi punto de vista obvio: es más fácil que haya mujeres corriendo, porque pueden hacerlo a cualquier edad, una vez por mes y estando acompañadas por la familia… Es distinto al periodismo, que es más complicado porque viajás a todas partes del país y dos o tres fin de semanas por mes. Ya el hecho de que estés de jueves a lunes lejos de tu casa, es tiempo que no estás con tu familia, y va a llegar el momento en que vas a priorizar otras cosas. Por eso creo que la mujer tiene como fecha de vencimiento en el automovilismo (risas). Ojalá no me pase nunca, pero depende de quién te acompaña.  

Y vos, hoy… ¿De qué estás más cerca? ¿Del inicio o consolidación de nuevos proyectos o del “vencimiento”?

– Consolidación de nuevos proyectos, ¡olvídate! Nunca voy a tener fecha de vencimiento. Si no es como periodista, de alguna u otra forma voy a seguir en el automovilismo. A lo sumo no viajaré tanto el día de mañana o buscaré algo más zonal. Pero nunca voy a dejar el automovilismo.

¿A qué te estás abocando en esta cuarentena?

En el Top Race Junior seguimos laburando para cuando vuelva la actividad, tanto en la parte de prensa como en la búsqueda de nuevos pilotos. A su vez, estoy estudiando Marketing Deportivo, siguiendo con esa línea que te decía, de buscar nuevas alternativas para el futuro. Y también estoy trabajando en el taller con todo, aprendiendo bastante. Por la mañana hago todo lo que es oficina: hacer pedidos, atender consultas de clientes, subir cosas y demás. Y a la tarde, como está todo un poco más tranquilo, me dedico a aprender todo lo que es la parte de gomería y ahora estoy con el balanceo, que es parte del tren delantero. Asique estoy metiéndole a todo y aprendiendo cosas nuevas.

Más allá de tu pasión por el automovilismo, hay otra cosa que muchos conocen pero que vale la pena mencionar: tu vínculo afectivo con Arsenal de Sarandí. ¿Qué se extraña más? ¿El automovilismo o ver jugar al “Arse”?

– Las carreras, ¡sin dudas! No tienen comparación con ninguna otra pasión. El resto queda de lado. Mira, estaría una semana sin hablarle a mi mamá con tal de que vuelvan las carreras, como para darte un ejemplo (risas).

Es decir que tu cariño hacia Arsenal fue siempre secundario a la pasión por el automovilismo….

– Sí, siempre fue secundario. Me encanta Arsenal, más que el fútbol en sí. Lo veo como un club que me dio mucho. Cuando empecé a estudiar, me ayudó mucho en mi carrera, ya que los futbolistas y el club tienen una predisposición terrible que “los grandes” se olvidan de tener. Acá nadie se olvida de donde salió; siempre hacen obras solidarias (los hinchas, sobre todo); y los jugadores siguen colaborando, como por ejemplo lo hacen Iván Marcone y “Papu” Gómez. Me encanta verlo y compartir una pasión más con mi papá, pero me enamoran los gestos, lo humilde y bien de barrio que es.

Además de esas dos, ¿hay algún gusto o alguna pasión oculta en tu vida?              

– ¡Sí! Como te dije antes, me encanta todo lo que tenga que ver con el mar: disfruto ir a la playa o bucear cuando se presenta la oportunidad, así que esa sería mi segunda pasión. Es tan extrema que no como nada que tenga pescado.

Volviendo al automovilismo… ¿En algún momento festejaste una victoria de un piloto que no era cliente de prensa?

– ¡Por supuesto! Muchas veces. Porque me encariño mucho y porque también tengo muchos amigos. Sacando a amigos que no los voy a nombrar por si me olvido de alguno, festejo siempre las de Emiliano Spataro, sin dudas. Elio Craparo es otro piloto que admiro mucho y que deseo que llegue lejos. Las de Iván Ramos también las festejo y me alegra muchísimo de que pueda volver. Pero sí, soy de festejar. Hasta te podría decir que celebro más las victorias de no clientes (risas).

Empezamos con las cortitas… ¿Un colega amigo?

– Julián García

¿Un ídolo?

– Juan Manuel Fangio

¿Un trago o bebida?

– Tequila

¿Comida favorita de los domingos en el Mouras?

El asado que prepara mi papá o mi novio cuando van (pollo para mí).

¿La ciudad más linda que conociste gracias al automovilismo?

– Uf… Está difícil porque no conoces nada. Viajamos pero sólo conocemos las ciudades para cenar porque estamos todo el día en el autódromo. Pero me encantó Salta, tanto por sus paisajes como por el autódromo.

¿Personas a quien quieras agradecer?

– A mi familia, que siempre me apoyó en todos mis proyectos; a mi novio, que se banca tantos viajes y está firme; y a Santi Bussolini y a Rubén Pérez, que fueron dos personas que siempre confiaron en mí para trabajar y con los cuales, si trabajamos juntos o no, siempre estamos en contacto y les tengo un aprecio enorme.

La última y más difícil… ¿Cómo es Tami Vital?

– Creo que soy una loca impulsiva y que, si no fuera por eso, no me hubiera animado a hacer muchas cosas. Me encanta ayudar a todo el que pueda, sin la necesidad de recibir nada; me gustan los desafíos. Mis mayores defectos son que casi siempre me gusta tener la razón y que no soy demostrativa: me encariño mucho con la gente pero no suelo demostrarlo.

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